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La casa del buen vino argentino

La casa del buen vino argentino

Existen un montón de segundas razones para visitar la provincia de Mendoza; pero, sin dudas, la primera siempre es el hecho de poder probar el extático sabor del vino que elaboran y sentirse rodeado de la mística del paisaje verde de hectáreas y hectáreas de viñedos coronado por la inmensidad de los cerros y montañas de los Andes. No por nada fue catalogada como una de las Capitales Mundiales del Vino.

Visité la provincia entre el 3 y el 5 de noviembre, época en que el clima es bastante cálido en la zona. De hecho, en todo el año hay cerca de 340 días de sol, casi nunca llueve. Aún así, cuando recorrimos las carreteras que nos llevaban de ciudad en ciudad, el paisaje estaba inundado de árboles frutales, como manzanos, olivos y cerezos, además de las plantaciones de vid.

Durante mi estancia tuve la oportunidad de hacer un corto tramo del “Camino del Vino”. Comenzando por el departamento de Maipú, en el kilómetro 0 del mencionando circuito, nos dirigimos hacia el Valle de Uco, la zona de mayor producción de vinos de la región. Está conformado por los departamentos de San Carlos, Tunuyán y Tupungato.

En el departamento de Tunuyán, específicamente, visitamos dos posadas destinadas a los turistas que vienen de todas partes del mundo (principalmente de Chile y de Europa) para recorrer viñedos y bodegas. 

El primer lugar al que fuimos fue el AlPasión Lodge, una posada de solo cinco habitaciones, que busca brindar una experiencia más personal a sus huéspedes. El edificio es una gran casa que mezcla lo rústico y lo elegante, está rodeado de viñedos y, aunque no pudimos realizarlas, nos contaron que en los alrededores se organizan cabalgatas de viñedo en viñedo. Bajamos también a mirar su pequeña bodega de vinos añejados. Cuando hace mucho frío (sobre todo en invierno), la nieve suele cubrir las plantaciones y llega hasta el borde de la casa. El hospedaje ronda los 200 dólares (las comidas se cobran aparte).

Luego de eso, llegamos al Valle de Uco Wine & Resort. El hotel tiene un encantador diseño que se conecta directamente con el ambiente. Todas las salidas dan hacia los viñedos, e incluso tienen su propia huerta. El aire que se respira allí me pareció tan diferente al de una ciudad, mucho más puro y fresco. Creo que el lugar es perfecto para personas que buscan pasar un momento de relajación y encontrarse consigo. El precio varía de acuerdo a la categoría de la habitación, pero se puede tomar como base los 300 dólares. Su cava es pequeña pero elegante y tiene muchas variedades de vino tinto, blanco y rosado, es, según el encargado del sitio, “el tesoro de la casa”.

Nuestro recorrido finalizó en la bodega Vines of Mendoza. Nos recibieron con una botella abierta de exquisito Sauvignon Blanc, para luego llevarnos a recorrer donde se procesan las bebidas. De un momento a otro estuvimos rodeados por grandes barriles repletos de vinos de todas las variedades: Malbec (la más difundida en la provincia), Syrah, Torrontés, Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Chardonay y muchas más.

Solamente allí, después de haber disfrutado de la imponente belleza natural y luego de haber probado las exquisitas variedades del auténtico vino mendocino, es cuando uno hace suyas las populares palabras del gobernador de la provincia: “Si vino a Mendoza y no toma vino ¿para qué vino?”


Viajamos a Mendoza, Argentina con Aerolineas Argentinas

 
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